domingo, 22 de febrero de 2009

PICADAS DE LA MUERTE

Violencias en las calles

El descontrol circula por todos lados. Hoy Gerli-Avellaneda fue noticia, jóvenes que corrían una picada en la calle De La Serna entre Sarmiento y O’Higgins  atropellaron a una mamá y su hijita de 2 añitos, que derivó en la muerte de la nena.

Esta es la noticia puntual de un hecho terrible.

Ahora bien, golpeados con tanto dolor, ese mismo dolor nos obliga a reflexionar a todos para entender que nos pasa como sociedad. Porque en estos hechos tan violentos las víctimas son varias y los responsables también.

Pienso que en este caso como tantos otros la responsabilidad no es solamente del joven que conducía si bien penalmente lo es, aquí nos encontramos con una cadena de responsabilidades que van desde los chicos con sus actitudes descontroladas, en velocidad, alcohol, drogas, los padres que no quieren o no pueden poner límites, la policía que no cumple con el rol de preservar la seguridad de los ciudadanos (por las razones que fueran), de acuerdo a la expresión del vecindario no es la primera vez que corren picadas en ese lugar.

Digamos que como sociedad debemos pisar el freno, con actitud firme no violenta para que nuestros jóvenes paren y se bajen de la ruta del desenfreno.

Es responsabilidad nuestra, de los adultos que alguna vez forjamos este futuro para nuestros hijos, evidentemente no lo hicimos bien. Ahora depende de nosotros, revivir los viejos valores, y hacerles ver que el valor superior es la vida propia y ajena, de todo tenemos la oportunidad de retornar menos de la muerte.

Entrando en el ritmo de lo descartable, se corre el riesgo de terminar creyendo o sintiendo que los humanos también somos descartables y reemplazables.

Esta cultura de lo descartable, genera desapego de las posesiones, este es un desapego superficial, mas bien un ¡qué me importa! ¡Total no importa, me compro otro! Y así seguimos fieles a la cultura consumista que cada vez te exige más y más. Nos caló tanto que en algún punto se siente que las personas forman parte de un pack de compras.

Las nuevas generaciones cada vez naturalizan las perdidas y los adultos permitimos que naturalicen la violencia en todos sus órdenes.

Con nuestra actitud del ¡no te metas! ¡deja que ellos saben lo que hacen! Por lo general nos quedamos cómodos y no generamos espejos que reflejen la firmeza de los valores en donde ellos se puedan mirar. 

Pero si!  nos levantamos con el dedo acusador ¡Es un delincuente! ¡Es un drogón! ¡Es un violento! ¡Es…es…es el reflejo de nosotros!

Berta Núñez

 

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